jueves, 22 de septiembre de 2011


31 agosto 2008


EN LA GUERRA
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La guerra civil supone un paréntesis no sólo para el fútbol, sino para la vida española. El Deportivo sufriría también sus bajas. Quizá la más dramática sería la de Bebel García, uno de los conocidos "hermanos de la lejía", que jugaba como extremo derecho. Pertenecía, como sus hermanos, a las Juventudes Socialistas de A Coruña. Había sido detenido el 25 de julio en Guitiriz, junto a sus hermanos, cuando se habían quedado dormidos, mientras huían de las fuerzas del Orden. Bebel, junto a su hermano France, sería fusilado el 29 de julio en A Coruña, tras un Consejo de Guerra sumarísimo. Su hermano Jaurés, menor de edad, no fue ejecutado, aunque sería "paseado" al mes siguiente.
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Otro jugador coruñés fusilado sería Lemos, que estaba haciendo el servicio militar y fue de los soldados detenidos en A Coruña en 1937 y acusados de preparar una insurrección contra sus superiores.
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Un jugador del Deportivo que caería, pero en el frente de guerra, fue el extremo Cachán. Este futbolista en los primeros días del alzamiento en A Coruña hizo alguna que otra y la policía le dio dos opciones: ir a la cárcel o a la Legión. Cachán eligió la segunda y moriría en la guerra en Oviedo.
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Dos jugadores coruñeses que estuvieron a punto de morir "paseados" fueron el portero Trigo y el defensa Layas. Trigo había fichado por el Racing de Santander y estaba pasando las vacaciones de verano en A Coruña, donde le sorprendió la guerra. Un día se hallaba en un cabaret de la calle del Orzán, cerca del cine Goya, bailando con una joven, cuando unos falangistas le detuvieron, diciéndole que les tenía que acompañar. Cuando ya le sacaban del local, entró Hilario Marrero, jugador deportivista y del Real Madrid, al que los falangistas conocían y le pidieron unos autógrafos. Hilario conversó con Trigo y se lo presentó a los falangistas como "el famoso portero del Santander", preguntándoles a donde le llevaban. Los falangistas, en un aparte, le dijeron que lo iban a "pasear". En vista de la fama de Trigo, dieron marcha atrás y, también, le pidieron autógrafos.

28 agosto 2008


Eduardo González Valiño, "Chacho", nació en la cuesta de San Agustín de A Coruña el 14 de abril de 1911. A los once años juega en el Varela Silvari, luego en el Ferrolán y de allí al infantil del Deportivo, donde permanece hasta el año 1927 cuando viste por primera vez la camiseta blanquiazul, con sólo 16 años y cobrando veinte duros al mes.
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En el Deportivo juega hasta el año 1934 que ficha por el Atlético de Madrid, volviendo al Deportivo dos años después. Hace la Guerra Civil en Artillería, empleándose luego en el Banco Pastor. En 1944 jugará en el Deportivo Juvenil, dirigido por Rodrigo, y al año siguiente retorna al primer equipo coruñés hasta 1946. Jugando en el Juvenil, contra el Noia, hinchas de este equipo quisieron arrojarle al río por haber marcado seis goles.
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Fue varias veces internacional, jugando un partido del campeonato del Mundo, destacando entre sus partidos internacionales uno disputado frente a Bulgaria, donde marcó seis goles, récord todavía sin alcanzar.
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La caracterítica principal era su técnica depurada, acariciaba el balón en vez de llevarlo al galope como era costumbre en su época. Era un auténtico maestro. Su único pero, que se hizo leyenda, fue su indolencia, quizás a veces consecuencia de que se reconocía un superclase y creía, como en efecto sucedía muchas veces, que con una genialidad suya se resolvía un partido.
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Sólo falló un penalti en su vida, siempre los tiraba apuntando hacia la vara de hierro de la red, jugando con el Atlético de Madrid contra el Sevilla. El balón dió en el larguero y el rechace lo remató su compañero Ipiña a las nubes. El Atlético de Madrid bajó a Segunda División y los seguidores rojiblancos quisieron descargar su rabia con Chacho e Ipiña.
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Su mejor gol fue al mítico portero español Zamora. Frenó el balón con la cabeza, lo dejó caer hasta el pie y antes de que tocase el suelo lo clavó en la red de un trallazo. Incluso el portero salió a felicitarle.
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En agosto de 1978, durante el Teresa Herrera, se le impuso la Medalla al Mérito Deportivo, falleció en A Coruña, el 21 de octubre de 1979.


EMPEZANDO CON POCO
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En los primeras temporadas de liga, a principios de los años 30, el entrenador no tenía la importancia que tiene en la actualidad y eran casi desconocidos. Su labor, casi, era hermanar a los jugadores y dejarles luego jugar a su aire.
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Un entrenador que tuvo el Deportivo en los años de la República fue Félix Gila. Era un simpático sevillano que siempre estaba dando "sablazos" monetarios que nunca pagaba. En ocasiones dramatizaba y decía que iba a suicidarse, pues "estaba en la ruina". Un día le dijo a Pepe Torres que le dejase su pistola, ya que "no aguantaba más". El extremo deportivista se la dejó y Gila dijo que se iba a suicidar en la calle. Torres, que le conocía bien, le contestó que no, pues si salía a la calle le vendía la pistola al primero que pasase y le señaló el retrete como lugar "idóneo" para el suicidio. Entró Gila en el retrete y salió al poco tiempo diciendo a Torres que la vida era para vivirla y que si le podía prestar otros veinte duros.
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El 24 de agosto de 1935, se hace cargo del club el jurídico militar José María Salvador y Merino, en una junta celebrada en la Sala Calvet, con la asistencia de unas 15 personas. La situación no era muy cómoda pues, el Deportivo, se encontraba en Segunda División y tenía cincuenta mil duros de deuda, lo que en aquel tiempo era mucho. Reboredo era el jugador al que menos dinero se le debía, la deuda era de seis meses de fonda. Debía, además, año y medio de renta del campo y tenía solamente quince socios que cotizaban. Para recaudar fondos se vendían durante el descanso en los cines, boletos para una rifa o, incluso, el presidente, junto con Ramón de Llano, que estaba en el club como directivo, iban en coche, pegando carteles por las noches o, para no incrementar los gastos, ayudaban ellos mismos, con palos y carretillas, en las reparaciones de Riazor. La afición aún estaba haciéndose, se recurrió a la venta de unos bonos que era un buen reclamo para obtener donativos. Hubo personas generosas, Ricardo Rodríguez Pastor, dió mil duros. También, aunque menos, Pedro Barrié. En 1935, el presupuesto era de 2.700 pesetas al mes, quedando un superávit de diez duros. En 1940 ya contaba con cinco mil socios.
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Los desplazamientos en esa época eran auténticas aventuras. El Deportivo cruzaba España de punta a punta en circunstancias incómodas. Se solían meter en dos taxis, especialmente en el de Manolo Cagigao y el de Enrique García, y allá se iban, seis o siete en cada taxi, unos sobre otros, para descender con las articulaciones anquilosadas . Había que ser muy duro para soportarlo, nada comparado con los viajes, pese a ser más numerosos, de hoy en día. Hubo un tiempo en que el club deportivista compró dos taxis para el guardameta Isidro y para el delantero Chiarroni, y ambos se utilizan en los desplazamientos.